Cariño...
...Estoy aquí...conmigo...
esa es la ardiente estrella
que, con el calor de un amigo,
alumbra y guía el camino
para mis reyes perdidos.
Un dado mágico gira y gira suspendido en el aire. Cae y rueda por el suelo danzando a brincos mostrando todas sus caras numeradas. Todas las opciones ruedan y saltan. Y mi destino se para esperando a que el dado detenga su marcha. Cada vez baila más cansado, gira sobre sí agonizando su inercia. Y por fin, se para. La suerte esta echada. Y sin Re, no hay Sol que brille.
Cariño...
...Estoy aquí...conmigo...
esa es la ardiente estrella
que, con el calor de un amigo,
alumbra y guía el camino
para mis reyes perdidos.
A veces me duelo
y me lanzo enloquecido
al abarrotado mercado de lo humano
para comparar
bajo el criterio del perdido
mi exorbitante bosque interior
con los jardines
esmeradamente mutilados
que esclavizan obedientes
y cuando ya
purificado y redimido
por el fuego inquisitivo
del dolor por el castigo
termino conmigo
empiezo a devorar
como Ourovoros
a todo el universo
en mi camino.
Absolutamente todo el sentido de mi existencia
se concentra en este preciso momento
en este mismo instante
al que yo
desde lo más profundo
de mi idealismo
aborrezco, detesto y esquivo.
Yo no voy
si no donde ella me lleva
y una vez allí
perdido entre el asfalto y la selva
nunca evalúo el destino
pues solo se pide mi presencia
Yo no digo otra cosa
que la me dictan sus labios
y al escuchar lo que digo
como quien escucha un salmo
asumo que siempre es lo correcto
aunque no suene adecuado.
Yo no hago nada
más que lo que ella necesita
y aunque no encuentre el sentido
y me hieran las manos las piedras
nunca hago preguntas
y siempre hallo respuestas.
Yo, a cada instante sagrado
miro al vacío asombrado
y aunque la ignorancia lo inunde todo
y la duda me atraviese sin descanso
me acuno me canto me abrazo
y una vez recuperado
agradecido cuido su regalo.
La vida se rompe
y canta
la vida se desgarra
y abraza
la vida llora
y sana.