7 de enero de 2020

El Sol o tú


Soledad es tan vieja
como la edad del Sol.

Es una enorme madre
silenciosa, cariñosa y acogedora
que me lame las heridas de la vergüenza
sin juzgarme jamás.

En su regazo me recargo de valor
para volver al otro mundo
ese donde están l@s otr@s.

Soledad es una bruja mágica
que me concede la capacidad
de ser yo mismo
mi propio Sol.

6 de enero de 2020

Las dos sabias

Cuando busco respuestas
acudo a la mar.
Cuando necesito preguntas
a la montaña.

25 de diciembre de 2019

CAPITULO 2. El despertar del ensueño humano.


En ese mundo vacío, solo con mis pesadillas, con mi mente abotargada por el miedo a tomar consciencia de la realidad, amontoné piedras y palos como un ritual que pudiera deshacer el sortilegio de la pesadilla de la realidad.

Tras horas amontonando piedras y palos caí rendido de cansancio... y nada sucedió. Pero no me podía permitir rendirme, así que decidí construirme una cabaña con las piedras y los palos. Saqué fuerzas de donde no creí tenerlas. Utilicé un palo para excavar donde irían los cimientos. Usé la tierra para unir las piedras. Hice ventanas con piedras grandes y palos gruesos. Coloqué un techo de ramas largas amontonadas. Y me metí dentro. Estaba más fresco y cobijado, y allí mismo me tumbé exhausto y me dormí.

Horas más tarde me desperté. Por un instante imaginé que fuera me esperaba alguna grata sorpresa. Salí. Y me volví para adentro.

Un enorme silencio me rodeaba. El hambre, la sed y la debilidad minaban mi cuerpo y mi mente. No había escapatoria... había llegado el momento de enfrentar la realidad.

Beber mi orina, comer tierra, cortezas y quizá carne putrefacta y alguna raíz seca que pudiera ser indigesta o venenosa... esas eran mis opciones de vida.

Dejarme morir, saltar por algún barranco... esas mis opciones de no vida.

Lloré desconsoladamente ante mi presente y mi futuro. Recé, rogué, pedí, supliqué... y me abandoné al aplastante silencio de la realidad.

En ese momento me empezó a arder el estomago. Una sensación de ira se apoderó de mí. Cogí un palo y salí afuera en busca de algo... que no sabía qué era... pero allá fui soportado y animado por una fuerza desconocida que me permitía olvidar mi hambre, sed y debilidad.

Elegí una montaña lejana para guiar la dirección de mis pasos y comencé a andar a buen ritmo apoyado en mi palo. Mis sentidos estaban altamente sensibles. Mi vista estaba aumentada, percibía cada detalle. Mi oído alerta. Todo mi cuerpo tenso. Mi atención estaba plenamente despierta y activa. Me sentí un animal capaz de cualquier cosa. Había odio en mis dientes.

Cuando llevaba un buen trecho andado vi un lugar que tenía aspecto de poder haber sido una huerta alguna vez. Me acerqué y comencé a excavar. Como me había imaginado encontré alguna raíz seca que no podía reconocer... y me las comí. Eran amargas y duras. Pero no tuve ninguna sensación de asco ni nada. Las mastiqué metódicamente y me las tragué. Mi estomago gruñó. Y seguí adelante.

Más adelante me encontré un animal muerto. Parecía un tejón. Olía a muerto pero no había ni moscas ni gusanos. Me tapé la nariz y con un par de palos busqué en su interior alguna parte o viscera menos podrida o con algún posible resto de sangre o cualquier otro liquido. Lo único que pude rescatar era lo que parecía ser el higado y los pulmones. Se lo arranqué y me lo comí. Por un instante tuve la sensación de que mi boca se humedecía. Mastiqué y me lo tragué todo. Hurgué un poco más en el cadáver y saqué alguna víscera más. Lo devoré todo y al terminar lancé un grito al cielo sintiendo una irá y un poder que jamás había sentido.

La noche caía. En ese instante me entró la primera sensación de temor que había tenido desde que salí. Me paré, resoplé y decidí volver sobre mis pasos hasta mi refugio para dormir y recuperar fuerzas para comenzar de nuevo el día siguiente.

Llegué a la rudimentaria cabaña. Por suerte no hacía frio y por desgracia no llovía. Me metí dentro con la última luz del día y me acurruqué como un ovillo.
Al pensar en que al día siguiente tendría que volver a empezar a buscar algo que comer me entró la angustia, entonces cerré los ojos con fuerza y resoplé hasta que me quedé dormido. Reconecté con la sensación de irá y me volvió la fuerza. Mejor no pensar...mucho mejor.

Dormí

23 de noviembre de 2019

CAPITULO 1. El despertar del ensueño humano



Durante la oscuridad previa a la promesa de la primera luz, tuve la certeza de que los espíritus húmedos y la hadas cálidas estarían tejiendo un manto para cubrir y proteger con él a la madre y acoger a los seres que vendrían atraídos a reconfortarse en su mullido abrigo.

Tras ello, no dudé de que los espíritus aéreos trenzarían los hilos que emanarían del ensoñar cálido de las bestias amansadas sobre el manto, y al hacerlo, huirían de su apresamiento las primeras gotas escondidas en el interior de las trenzas vaporosas, y comenzarían a correr en busca de la entrañas de la madre.

Más tarde, supuse obvio que las gotas acabarían descendiendo poco a poco hacia el lugar que habían abandonado atraídas por el ronroneo nocturno de las bestias apaciguadas. Y sería en la parte baja de la madre donde se encontrarían con el resto de las procesiones de gotas fugadas y reconstruirían su mundo líquido.

Pero me equivoqué en todo.

Cuando desperté y vi la luz del amar nacer, me precipité vertiginosamente sobre un asfalto maloliente cubierto de restos de seres despedazados.

Tras reponerme de ello agudicé el oído para sintonizar la frecuencia vibratoria del plácido ronroneo, pero solo se escuchaba el silencio calmo del páramo yermo.

Corrí colina abajo buscando el rastro de las procesiones en su tránsito hacia la tierra prometida. Pero solo encontré huesos vegetales estirados en último intento de llegar más allá de lo que sus ramas jamás comprenderían. Lloré desconsolado sumido en un estado de abandono absoluto. Y cuando el cansancio y la desesperación me abrieron las puertas del mundo de los sueños, la vi. Era la mujer más vieja que jamás pude imaginar. Allí de pie, quieta, como la imagen de un árbol milenario a punto de quebrarse. Con los ojos cerrados. Apenas respiraba. Me acerqué a ella curioso, olvidando mi congoja y mi dolor ahora de repente convertidas en una sensación que mezclaba admiración e inquietud. Ante la incomprensión y la inercia traté de comunicarme con ella.

- Hola…

Ni rastro de percibirme.

- Perdone…

Ni asomo de impacto.

- ¿Me entiende?

Ni un gesto siquiera de compartir la misma existencia.

Tras unas vueltas orbitando a su alrededor decidí tocarla para ver si reaccionaba. Alargué un brazo, abrí la mano, extendí un dedo...y la toqué.

- Hola.

Una voz clara, cálida y profunda sonó en algún lugar sin que ella moviera un ápice su boca. La escuché como si tuviera cascos en los oídos y me llegara directa su voz. Esperé a que continuara pero no hubo ni una palabra más. Llevado por la curiosidad y la intuición la volví a tocar repitiendo el ritual físico anterior..

- No hay por qué pedir perdón.

Volvió a sonar la voz en mis oídos. Dije bobadas en voz alta, me callé y volví a tocarla.

- Te entiendo perfectamente.

Súbitamente comprendí que respondía una a una a las palabras que yo le había dicho. Y de nuevo, guiado por la intuición, tomé contacto físico con ella y le hablé sin pronunciar palabra.

- ¿Cómo te llamas?

- No tengo nombre, soy quien ves.

Me respondió en su tono desprovisto de rasgos de edad ni género apreciable.

- Ah.. ya.. 

Balbuceé  

- ¿Y tú sabes qué es lo que ha pasado con el mundo que se suponía que debería estar para recibirme?

- Ahí está. Tal y como tenía que estar.

Me respondió sin rastro de emoción.

Yo me quedé dubitativo tratando de entender lo que me decía pero no era capaz de hacerlo. Así que volví a insistir.

- Pero… era horrible.

- Era tal y como tenía que ser. Perfecto.

Tras esa nueva respuesta me quedé totalmente descolocado sin saber qué más decir. En mi silencio volvió a sonar su voz.

- ¿Y tú ya has aportado tu parte?

- ¿ Mi parte? ¿De qué?

- De tu…

En ese mismo instante comencé a escuchar un crujido que se propagó en forma de vibración por el brazo y la mujer árbol cayó al suelo y se convirtió en un montoncito de pelo, ropa y restos de su recuerdo de un tamaño minúsculo en comparación con lo que acababa de ser un instante antes.

Sobresaltado desperté de aquel sueño tan real. Miré a mi alrededor y pude comprobar que estaba allí, en ese mismo lugar donde me había dormido. Era horrible… mente… real.

Volví a caer en la desesperanza absoluta.

Horas después me despegué del suelo movido por el hambre, la sed y el calor. Pero qué iba a hacer allí si no había nada de nada. Tan solo piedras y palos. Tan solo piedras y palos. Tan solo piedras y palos… Aquel pensamiento rebotó en mi cabeza infinitamente. Entonces recordé la pregunta… ¿Y tu ya has aportado tu parte?… Y sin saber muy bien por qué ni para qué, comencé a amontonar piedras y palos.

13 de noviembre de 2019

La felicidad cósmica del niño bomba outsideral


http://ntrzacatecas.com/content/uploads/2015/11/cielo-de-noche-silueta-de-un-hombre-estrellas-187079-1000x586.jpgSiempre digo que el roce hace el cariño y la distancia el olvido, pero muchas veces he sentido que el roce irrita y la distancia suaviza. Por eso decidí construirme una astronave gigante que me alejara de una vez por todas de amarte por júpiter.

Desde entonces llevo intentando llegar al fondo del universo infinito viajando en mi transbordador espacial de cartón pluma, dando vueltas día tras día, girando una y otra vez alrededor de la misma órbita conocida que siempre me lleva de regreso al mismo punto, a mi agujero negro de partida.

Allí dentro se potencian muchos de mis miedos, inseguridades, límites, vergüenzas y traumas. Ya sé que no son míos, que son impuestos por este sistema mentiroso y manipulador. Pero se me olvida y vuelvo a salir a navegar por mi mar de dudas sideral.

Pero ya estoy harto, así que les mando un mensaje a los poderosos del mundo de ahí abajo desde mi refugio galáctico, que les quede claro que si quieren que siga siendo una pieza útil y que continúe girando en la rueda del hámster, que me pongan un terapeuta gratuito en la puerta de casa o me vuelvo niño bomba.

Y no es que tenga un problema con la autoridad si no con el autoritarismo. Por eso prefiero ser un puto loco que obediente y sumiso.

Y no es que tenga un problema de adaptación si no con la aceptación de lo inhumano. Por eso prefiero ser un inadaptado que encajar deformado.

¿Qué le voy a hacer..? Yo quisiera tener la determinación del artesano... pero soy bamboleado cada siete horas por la pasión del artista. Esa que me lleva a estar despierto cada mañana de este nuevo viejo día de la marmota doméstica.

La gran putada es que después de tanto viaje aún no he descubierto cómo es la felicidad del outsider en la estratosfera... pues siempre recuerdo con anhelo la atmósfera de mi pueblo. Así que no me queda más remiendo que seguir viajando a la velocidad de la luciérnaga en mi cohete de feria por el unicoverso eterno.

29 de octubre de 2019

Yo misma



Hacer algo por el mundo que represento.
Embellecer al otro que reflejo.

Cuidar de la Naturaleza que soy.
Venerar este perfecto infinito que encarno.

Todo ello es amar al mar que soy sin dejar solo al sol que fui.
Es pisar el firme suelo de mi consuelo que detiene el viento de mi tormento.

5 de agosto de 2019

La crisis de inoportunidades


En la prisión de la gran manaza me encontré entrerejado por caminar con excesiva calma...
Allí me encerraron con un hombre que cocinaba en silencio mientras silbaba, 
con una madre que sembró calabazas en el parque de al lado de su caja de ahorrores cristiana,
junto a una shadow que se sentó en un banco y jamás volvió a su falsa casa,
también había un joven que gritaba que cuidar de la vida era su trabajo y que con eso le bastaba,
y una voyeur que miraba admirada a la naturaleza más bárbara.. 
Todas nosotras fuimos encerradas por delitos de lentitud ofensiva, desobediencia pública, tenencia ilícita de fuerzas de c'almas, delicadeza impúdica y sencillez temeraria.
Poco a poco nos fueron sacando y llevando ante el tribunal de supremacía inconstitucionalizada.
Una vez allí una fue juzgada por herejía y sospecha al decir que no deseaba alcanzar los nobles ideales de nuestro país y que no lucharía por atesorar nada. 
Otra investigada por evasión de divisas y estafa por asegurar que lo tenía todo y no quería más pasta. 
Otra por injuria y traición a la patria al jurar que no creía en su vereda cultural y crearía una nueva al lado y sin vallas.
Otra fue encerrada por locura y blasfemia por asegurar que escuchaba la voz de la crisis y le animaba a romper las sagradas cadenas por estar compradas.
Y la última por corrupción del pudor y escándalo moral al confesar que miraba extasiada la puesta desnuda del sol y la noche ebria de estrellas fugadas.

Finalmente fuimos declaradas culpables y condenadas a ser ajusticiadas públicamente en la plaza del pueblo de cada una de las desgraciadas.

El día de la primera ejecución estalló una revuelta ciudadana y el cocinador silbante se libró de la guillotina huyendo con las masas.
En el segundo castigo ejemplar quebró la banca y los soldados se declararon en huelga por no cobrar su sueldo y la madre labriega se libro de ser fusilada.
La tercera pena de muerte tuvo que ser anulada por cortes de corriente en la silla electrificada y la shadow siguió meditando en su nueva no casa.
La cuarta fue condenada a ser crucificada, pero ocurrió un milagro ya otro sector se enfadó pq preferían lapidarla, otros más porque querían entregarla como ofrenda a las bestiales diosas sagradas, y comenzaron una pelea entre ellas y el joven prófugo se dedicó a cuidar a los heridos por la guerra santa.
Y la última iba a ser quemada en la hoguera, pero comenzó una tormenta tan grande que se declaró la emergencia climática y se terminó su condena mientras disfrutaba embelesada de la maravillosa potencia de la naturaleza enfadada.

Y yo... sigo escribiendo la historia... y a ver qué pasa.